La lengua es una gran delatora del estado del organismo. Aunque rara vez le prestamos atención, sus cambios de color y textura pueden ofrecer pistas valiosas sobre lo que ocurre en el cuerpo. La aparición de una capa blanca en la lengua suele generar inquietud, pero no siempre es motivo de alarma. En muchos casos es transitoria; en otros, merece una mirada más cuidadosa.

Esa coloración blanquecina suele formarse por la acumulación de bacterias, restos de alimentos, células descamadas y, en ocasiones, hongos que se alojan entre las papilas. Cuando esta mezcla no se elimina adecuadamente, la lengua pierde su tono rosado natural y adopta un aspecto opaco o blanquecino.

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